El joven, una vez que ha recibido el sacramento de la confirmación, debe incorporarse, como miembro de pleno derecho en la vida de la comunidad parroquial. Y lo ideal sería que lo hiciera dentro de este movimiento, en el que compartirá su fe junto a otros jóvenes descubriendo a Dios en cada momento de su vida:
PROFUNDIZANDO EN SU FE
Con charlas de formación, campos de acción o actividades puntuales para que confronte su fe con el Evangelio y busque dar razón de su esperanza.
ORANDO Y CELEBRANDO LA FE
Los jóvenes de la parroquia oran juntos y celebran su fe, preparan los tiempos litúrgicos, etc.
VIVIENDO SU COMPROMISO
Invitándoles a vivir su compromiso social de transformar la sociedad. Es éste sin duda un campo muy importante. Se ofrecen diversas opciones de trabajo para el joven, que van desde las catequesis, pasando por movimientos, como Acción Católica, Cáritas, misiones....
Una vez confirmados, muchos jóvenes abandonan sus compromisos y se distancian del estilo de vida cristiano.
En muchas ocasiones, no valoran el domingo como día del Señor ni la Eucaristía l como el eje de la vida del cristiano.
Huyen de celebraciones, oraciones, retiros, ejercicios espirituales.
Dice el Concilio: «los jóvenes deben convertirse en los primeros e inmediatos apóstoles de los jóvenes, ejerciendo el apostolado personal entre sus propios compañeros, habida cuenta del medio social en que viven». Esta presencia tiene que ser activa y significativa.
Los jóvenes cristianos, han de expresar, celebrar y alimentar su fe en la comunidad, y reconocer y asumir sus responsabilidades en el seno de ésta. Por su parte, la comunidad ha de reconocer y promover la presencia y participación de los jóvenes en la vida de la misma.