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Gracias, Señor, por mi parroquia de san Julián.
En ella te descubro, y aprendo a amarte y a seguirte.
En ella escucho la Buena Noticia del evangelio.
Y me alimento del pan de la Eucaristía.
Cuando me canso, ella me anima,
cuando caigo, me ofrece tu perdón.
Cuando me siento débil, me fortalece,
cuando me separo, me acerca a Ti.
Gracias, Jesús, por sus grupos y actividades.
Gracias por los niños y los jóvenes,
por los mayores y los ancianos.
Todos, cercanos y alejados, formamos la Iglesia.
Que seamos un rincón cálido,
un lugar donde nos queramos y ayudemos,
un espacio donde vivamos como hermanos,
para que, unidos, construyamos tu Reino.
¡Estoy recibiendo tanto de la parroquia!
¡Tengo tanto que agradecerle!
Ella es la senda por donde camino.
Tú, Señor, la meta y el horizonte. Amen