• ALGUNOS APUNTES SOBRE LA LITURGIA
• LOS SACRAMENTOS

LA PALABRA LITURGIA, derivada del griego, significa obra (ergon) del pueblo (leiton, adjetivo derivado de laos, que significa pueblo). Por tanto, podríamos decir que la liturgia es el culto espiritual o servicio sagrado a Dios de cada uno de nosotros, que formamos su pueblo.
Podría considerarse la liturgia como la acción sacerdotal de Jesucristo, continuada en y por la Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo, por medio de la cual el Señor actualiza su obra salvífica a través de signos eficaces, dando así culto perfectísimo a Dios y comunicando a los hombres la salvación, aquí y ahora.
La liturgia es la “fuente y culmen de la vida cristiana”, como la llamó el concilio Vaticano II, porque en la celebración litúrgica es donde se verifica y tiene su más explícita expresión, ese modelo de iniciativa y respuesta, de la acción divina y la cooperación humana.
La reunión de los creyentes en una celebración litúrgica es la anticipación del día en que se establezca el Reino de Dios en su plenitud, cuando ya no exista la discriminación por razón de sexo, raza o riqueza; donde no habrá hambre ni sed, ni desconfianza ni violencia, competencia o abuso de poder, porque todas las cosas estarán sujetas a Cristo, y Dios reinará sobre su pueblo santo en paz y para siempre. Cada celebración litúrgica es –debería ser- un trozo de cielo en la tierra.
La liturgia, pues, nunca puede ser un asunto privado, individualista, donde cada quien reza sus devociones privadas, encerrado en sí mismo. Es la Iglesia, la comunidad eclesial, la que celebra la liturgia. Es, pues, una acción de todos los cristianos. Nadie es espectador de ella; nadie es espectador en ella. Todos deben participar “activa, plena y conscientemente en ella”, como nos dice el concilio Vaticano II . La liturgia comienza y termina con la señal de la cruz, porque la cruz es la señal del amor que Dios nos tiene y de la respuesta humana de Jesús a ese amor. Amó hasta el final, obediente hasta la muerte de cruz.
Así, la liturgia nos hace comprender que no hay amor sin sacrificio, ni vida excepto por la muerte. En la liturgia y en la vida nos identificamos con la muerte de Jesús, de modo que la vida de Jesús también se manifieste en nosotros.
La liturgia es, sin duda, el momento culminante de la vida de la Iglesia, de la actuación del Espíritu Santo y de la presencia del Cristo glorioso. La liturgia es la salvación celebrada, vivida.
Adentrémonos con fe y respeto en este misterio de la liturgia.
MAS SOBRE LITURGIA

LOS SACRAMENTOS son las realizaciones más intensas del encuentro con Dios en la Iglesia, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu. De ahí la importancia de los sacramentos tanto para quien busca a Dios como para quien, habiéndolo encontrado, desea conocerle y amarle más.
Es muy importante conocer y vivir los sacramentos para tener, de ese modo, experiencia del amor revelado y donado en Jesucristo.
La palabra “sacramento” deriva del latín y se usaba con el significado de “juramento de fidelidad” (sacramentum). Al traducirse la Biblia al latín, se utilizó para expresar el término griego “misterio”, que en el Nuevo Testamento designa el plan divino de salvación que viene a realizarse en el tiempo.
El “misterio-sacramento” es el acontecimiento, hecho de gestos y palabras, del encuentro con Dios. Los sacramentos constituyen la demostración constante de la ternura y la comprensión de nuestro Dios, celebran su misericordia y su perdón y el deseo de hacernos partícipes de la vida divina.
Y es el mismo Jesucristo, el Resucitado, quien se acerca en los sacramentos de la Iglesia a nuestra vida con el poder de su amor y se ofrece de forma sensible en el gesto y en la palabra.
La celebración del sacramento es un acontecimiento de gracia que se realiza en el Espíritu Santo, que cubre a la Iglesia con su sombra.
La Iglesia propone un itinerario para llegar al encuentro con Cristo: un camino, un conocimiento de su morada y una permanencia junto a Él. Este camino, con sus correspondientes etapas que alimentan y celebran la fe, se llama iniciación cristiana. La Iglesia reconoce en el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía las etapas indispensables del camino necesario para entrar en la comunidad.
Pero quien ha encontrado a Jesús continúa experimentando su fragilidad y puede llegar a caer. Así mismo convive con la enfermedad y se asoma a la muerte. A la necesidad creada por estas situaciones responden los sacramentos de curación, es decir, la Penitencia o sacramento de la reconciliación y la Unción de Enfermos.
También la comunidad cristiana tiene necesidad de ser defendida y crecer en la unidad contra la tentación continua del individualismo y la división; por otra parte, la relación interpersonal se expresa en su forma más elevada en la relación de pareja, constitutiva de la alianza nupcial, fundamento de la familia y de la sociedad. A estas exigencias responden los sacramentos del servicio de la comunión, que son el Orden Sacerdotal y el Matrimonio.
