La Confirmación es un sacramento íntimamente unido al del Bautismo. Es una especie de desdoblamiento de éste para significar que se trata de un bautismo en el mismo Espíritu con el que fue ungido Jesús. ¨ El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la buena noticia a los pobres (Lc. 4, 18).
Es tarea de la catequesis el subrayar esta conexión bautismal de la Confirmación.
El sacramento de la Confirmación implica la participación activa en la dinámica comunitaria y misionera de la Iglesia.
Esto supone que la comunidad debe ser capaz de hacerle un lugar al confirmado, de reconocer la acción del Espíritu Santo en él, de darle voz y responsabilidades en el interior de esa comunidad, de escucharle y valorar sus aportaciones.
A su vez exige que la comunidad no esté cerrada sobre sí misma, sino que viva abierta al mundo para que el don de Dios, que hay en ella, llegue a la vida de todos.
El sacramento de la Confirmación comunica en plenitud al Espíritu Santo, que es el Espíritu de los tiempos nuevos y ahora debemos ser testigos de Cristo en la Iglesia y en el mundo.
No se puede reducir la acción de este Espíritu a un ámbito intimista e individual.
La parroquia organiza las catequesis sobre la Confirmación para que los futuros confirmados sean convenientemente instruidos. Dicha preparación debe tener como meta conducir al cristiano a una unión más íntima con Cristo, a una familiaridad más viva con el Espíritu Santo, su acción, sus dones y sus llamadas, a fin de asumir las responsabilidades apostólicas de la vida cristiana.